Samsung Galaxy S8: No todo es diseño

hipertextual.- El Galaxy S8 es impresionante. Por dentro no es una revolución respecto al S7. Al fin y al cabo la batería promete duraciones muy similares, la cámara es prácticamente idéntica, el procesador apenas mejora un 10% el rendimiento y la mejora en general es una pequeña iteración; el S7 era “demasiado” bueno y el margen para este año se ha ido casi todo en el rediseño. Ahí es donde luce espectacular. Con su pantalla, que ocupa el ~84% del frontal, Samsung se pone a la altura de Xiaomi con el Mix y deja atrás al resto, incluso a LG. Deja, definitivamente, muy por detrás en este aspecto a Apple, cuyas prioridades en diseño le hacen ser mucho menos impresionante en el momento en que vemos el teléfono por delante. El iPhone 7 es precioso, pero el Galaxy S8 viene del futuro.

En una foto comparativa, las diferencias se ven todavía más claras. 6,2 pulgadas a la izquierda, 5,5 pulgadas a la derecha. Misma altura, menor grosor del Galaxy.

Galaxy S8+ y iPhone 7 Plus. Mismo tamaño, 0,7 pulgadas de diferencia.

Un impresionante logro técnico que supone acercamientos interesantes a la tecnología invisible: se elimina todo aquello que no sea la interfaz. Los botones, los marcos, etc. El próximo paso será integrar cámaras y sensores en la pantalla para que más del 90% del frontal pueda ser la propia pantalla siempre que se encuentren formas de hacer cómodo su manejo.

¿Esto es todo lo que importa a la hora de valorar teléfonos por su diseño?

No.

El precioso S8 tiene algún problema de usabilidad en su diseño, especialmente con el lector dactilar. Está demasiado cerca de la cámara, lo cual va a provocar muchos dedazos accidentales en la lente, lo cual supone una cámara permanentemente más sucia y por tanto peores fotos, sobre todo nocturnas y con luces artificiales, como farolas o lámparas, que tendrán ese conocido y horrible efecto estirado que arruina las fotos. En el caso del S8+, por la altura del terminal es incómodo alcanzar el lector dactilar, ubicado demasiado alto.

Apple se ha caracterizado durante muchos años por un mismo mantra: su ADN ha sido moldeado gracias a decir “no” a muchas cosas, a ir eliminando todo en cuanto era mínimamente superfluo. Disqueteras, unidades ópticas, ventiladores, rejillas de altavoces, ranuras para tarjetas, conectores de varios tipos, tornillos a la vista, bandejas que podían convertirse en ranuras… En todos los casos, esta forma de encarar el diseño industrial ha acercado a Apple el futuro, o lo que es lo mismo, ha acercado el futuro a toda la industria, que siempre ha seguido los pasos de Apple cuando ha sido la primera.

Braun se ha hecho icónica pese a vender pequeños electrodomésticos por un precepto similar. Tesla creó el primer Model S huyendo de convenciones en torno a cómo se debe diseñar un coche. Botones, testigos, interruptores, diales, sliders, todo eso fue descartado para llevarlo a una interfaz totalmente digital dividida en dos pantallas, una sobre el volante y otra a la derecha. Llegó a la industria cuestionándolo todo.

Con su forma de diseñar coches, Tesla ha ido más allá de lo estético, ha cambiado la forma en que conductores y pasajeros obtienen información del vehículo e interactúan con él. Quitando el jack de 3.5 mm, Apple ha empujado a muchas personas al sonido inalámbrico y a la tecnología corporal, tanto a través de los AirPods como a través de los Apple Watch. Por supuesto, Apple lo ha hecho pensando en su negocio, sus cuentas y sus accionistas, pero movimientos así suponen saltos en las vías de conexión entre personas y tecnología. Quien ha probado el sonido inalámbrico no suele volver atrás. El sonido inalámbrico es el único mañana, al igual que el coche eléctrico, el coche autónomo unos días (lustros) después, o las interfaces digitales dentro de los automóviles.

Es fantástico y digno de aplauso que el Galaxy S8 haya ido más allá de los límites conocidos para poner pantallas tan grandes en terminales tan pequeños. Cuando a finales de 2017 se libren los premios tecnológicos, a falta de saber qué harán el resto de fabricantes, Samsung se llevará merecidamente los galardones al mejor diseño. Pero a nivel industrial y en el largo plazo, tienen más valor movimientos como retirar el jack de 3.5 mm para comenzar a empujar a una gigantesca masa de usuarios a que empiecen a abrazar el sonido inalámbrico y los dispositivos corporales. Samsung, en un buen gesto para el consumidor y con poca preocupación por el futuro, regala unos auriculares AKG en la caja. Unos auriculares de cable. Excelente detalle para el comprador, nula apuesta por el sonido inalámbrico. Los Icon X anunciados hace unos meses no pueden considerarse una apuesta seria en ese sentido, y cualquiera que los haya probado a nivel de diseño, comodidad, emparejamiento y batería podrá estar de acuerdo.

El combo iPhone 7 + AirPods + Apple Watch es tan costoso como satisfactorio, y dentro de diez años veremos ecosistemas completos, todos de gran calidad, de varios fabricantes y plataformas. Ese escenario lo inauguró Apple retirando el jack de 3.5 mm pese a las críticas, como hizo antes con floppys, CDs o conectores; como hizo Tesla y como antes o después hará Google a través de Waymo en su apuesta por coches autónomos, que a buen seguro llegarán como un concepto mucho más repensado que un mero coche tradicional que se conduce solo.

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